
Madrid tiene cicatrices que son canciones.
Hubo un Madrid clandestino que se forjó entre la penumbra de los clubes de jazz, el neón de los disco bares y el eco incesante de la discoteca, impulsado por un soul y un funk que iban directo a las venas. Todo aquello es la herencia pura y genuina de los años 80 en Madrid, un legado que aún nos recorre. Esta composición de «Madrid Tatuada» es nuestro tributo a esa memoria colectiva; una carta de amor a los recuerdos que la ciudad lleva, orgullosa y eterna, tatuados en su propia piel.

Esta propuesta brilla por su deslumbrante eclecticismo. En ella, la sofisticación del smooth jazz dialoga a la perfección con el desgarro del blues, el sentimiento puro del soul, el latido del funk y la suavidad aterciopelada de la bossa nova. Más que un repertorio, es un recorrido vital e imprescindible para comprender nuestra herencia y descubrir la vibrante forma en que nuestro pasado resuena en el presente.


